martes, 3 de junio de 2014

ANONIMO

PRÓLOGO

He permanecido a su lado desde mucho antes de que ella naciera. Me limitaba a observarla, protegerla, velar por su bien. Al principio no estaba muy seguro de mi tarea pero a medida que el tiempo pasaba, comencé a sentirme parte de ella. No podía verme,claro está, pero su voz que me rezaba cada noche me daba a entender que ella sabía de mí, que yo estaba a su lado. Poco a poco me fui entrelazando con esa voz tan dulce y
sincera, no era nada sin ella y me sentía solo sin escucharla. Su sonrisa era lo único que levantaba mis ánimos, me llamaba, me hipnotizaba. Sus ojos verdes eran cautivadores y
seductores que resaltaban de su piel blanca y brillante encajando a la perfección con su silueta esbelta, perfecta. Tentadora. Muchas veces me encontraba tratando de resistirme pero ¿a qué? ¿Por qué? ¿A su
voz? ¿Sus ojos o su cabello oscuro? ¿A su sonrisa? No comprendía lo que me sucedía, no comprendía por qué sentía estos extraños impulsos, ni el por qué mi corazón latía tan
fuerte. Más fuerte que, incluso, cuando estoy en presencia del Rey. Era absurdo, ilógico y sin sentido. Ahora no podía separarme de ella. Dependía de poder verla y me deshacía en el deseo de poder tocarla, abrazarla y sentirla. Pero más que nada…Besarla. Sus labios me
llamaban, hacían que me estremeciera y que sintiera algo extraño por todo mi cuerpo. Mi
alma rogaba por ellos, daría mis alas por estar con ella y eso me asustaba. Lo único que podía hacer era observarla, escondiendo lo que sentía e incluso he llorado por las noches
temiendo perderla algún día.
Entonces caí en la cuenta de algo…
Me había enamorado de ella.


Danel

ARGUMENTO:

CRITICA:

Lectura pendiente